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| San Luis Potosí, Mexico. | ||||||||||||||||
El liderazgo de Saúl, David y Absalón. Introducción Cuando hablamos de liderazgo, una de las cosas que nos preguntamos es si nosotros podemos ser ese gran caudillo al frente de la batalla, o si somos ese guerrero con fuerza y voluntad inquebrantables y si hay gente que quiera seguirnos, o si tomamos decisiones acertadas en todo tiempo. Casi siempre la respuesta es un: No, yo no puedo ser como ellos, ellos son especiales, ellos nacieron así, ellos tienen un poder sobrenatural, ellos nunca se equivocan, ellos saben lo que hacen, ellos son...¡ellos! Y yo no soy así. Bueno, vamos a analizar el liderazgo de los 3 primeros reyes de Israel y trataremos de aprender sobre sus virtudes, sobre sus fuerzas y también, por qué no, sobre sus debilidades, y entonces podremos decidir qué tipo de líderes somos o a qué tipo de líderes queremos seguir. Antecedentes Abraham, después de desesperarse un poco por el tiempo que tardaba la promesa en hacerse realidad (aprox. 12 años), cometió un error al tratar de "ayudar" a Dios a cumplir la promesa, y tuvo 2 hijos, Ismael (que fue el hijo del error) e Isaac (que fue el hijo de la promesa). Isaac se casó y fue padre de un par de mellizos: Esaú (el mayor) y Jacob (el menor de ellos). Esaú cometió varios errores, al vender su primogenitura a su hermano y casarse con varias mujeres, entre otras cosas. Jacob, cuyo nombre después fue cambiado por el de Israel, huyó de su hermano, se casó con 2 mujeres y a través de ellas y de sus 2 concubinas tuvo 12 hijos, que no fueron muy bien educados durante su juventud, pues vendieron a José, uno de sus propios hermanos a unos mercaderes que a su vez lo vendieron en Egipto. José batalló por varios años, pues de estar en un buen trabajo fue encerrado injustamente en la cárcel, mas terminó siendo gobernador de todo Egipto: el segundo al mando. Al mismo tiempo, en tierra de Israel, empezaron a sufrir del hambre y los hermanos de José fueron enviados a Egipto para conseguir alimento. José, después de confirmar con algunas pruebas el cambio en el corazón de sus hermanos, los invitó a vivir en Egipto, y todos se fueron con José. En ese momento eran solamente 75 personas. Durante 400 años vivieron en Egipto, o mejor dicho, sobrevivieron bajo la esclavitud de un malvado faraón que no conoció de José y de las cosas que había hecho por Egipto. Entonces, gracias a Moisés y sobre todo a la mano poderosa de Dios, el pueblo salió de Egipto rumbo a la tierra prometida. Pero este era un pueblo con mente de esclavos, siempre se quejaban de todo, nunca veían el poder de Dios que los acompañaba, y tampoco creyeron la promesa de poseer una tierra que destilaba leche y miel. Lo único que podían ver eran gigantes y los israelitas se comparaban como pequeñas langostas junto a ellos. Dios los mantuvo 40 años dando vueltas por el desierto para esperar el surgimiento de una nueva generación, la cual nunca hubiera estado en cautiverio, cuya mentalidad estuviera en la promesa. Y fue hasta entonces que con la guía de Josué, entraron y conquistaron la tierra prometida. Se dividieron la tierra y habitaron en ella de acuerdo a la tribu de la que descendían. Nombraron jueces que los gobernaron, y principalmente los liberaron de los ataques de sus enemigos. Hasta que se cansaron de los jueces y pidieron un rey. El ultimo juez fue Samuel, y cuando Samuel envejeció, el pueblo le pidió un rey (1 S 8:4-6 "Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones. Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová") Dios, a través de Samuel le informó al pueblo como sería el rey (1 S 8:11-18 "Dijo, pues: Así hará el rey que reinará sobre vosotros: tomará vuestros hijos, y los pondrá en sus carros y en su gente de a caballo, para que corran delante de su carro; y nombrará para sí jefes de miles y jefes de cincuentenas; los pondrá asimismo a que aren sus campos y sieguen sus mieses, y a que hagan sus armas de guerra y los pertrechos de sus carros. Tomará también a vuestras hijas para que sean perfumadoras, cocineras y amasadoras. Asimismo tomará lo mejor de vuestras tierras, de vuestras viñas y de vuestros olivares, y los dará a sus siervos. Diezmará vuestro grano y vuestras viñas, para dar a sus oficiales y a sus siervos. Tomará vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras. Diezmará también vuestros rebaños, y seréis sus siervos. Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os responderá en aquel día."), pero al pueblo no le importó, ellos querían un rey. El nombramiento del primer rey Las principales cualidades que tenia Saúl eran su juventud, hermosura y estatura. Esas parecían ser todas sus cualidades, pues ni siquiera pudo encontrar a unas asnas perdidas (1 S 9:3-5). Aunque parezca extraño, como quiera el que escogió al rey fue Dios. Parecería que Saúl no sería un buen rey, pero eso lo analizaremos mas adelante. El segundo rey Cuando Samuel llegó a ungir a David, su familia nunca se imaginó que podría ser elegido, así que lo dejaron cuidando a las ovejas (1 S 16:11 "Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí."). David llegó y Samuel, el mismo que ungió al primer rey, lo ungió, y desde aquel día el Espíritu de Dios vivió sobre David. David y Saúl se conocen David tocaba su arpa y Saúl se aliviaba (1 S 16:23 "Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él."). David y Goliat Con un tiro de su honda, David hirió al filisteo y lo mató, y yendo sobre él, con la propia espada de Goliat le cortó la cabeza. Al ver esto, todo el ejercito filisteo salió huyendo, pues su paladín y gran guerrero había sido derrotado. El triunfo o los problemas El rey Saúl era la estrella de su época, el primer potentado de su hora, el hombre más respetado en el reino. Era el elegido de Dios y la bendición para Israel. Saúl se sintió amenazado por David. Sin embargo, David lo admiró tanto que aun cuando el pecado de Saúl socavó su propósito, David continuó respetándolo por lo que había sido. Saúl era el rey y el joven David había dado muerte al gigante para él. Sin embargo, no importa cuánto admiró y respetó David a Saúl, nada pudo alterar el gran propósito de Dios. Saúl no era del todo malo; simplemente no pudo aceptar cambios. Su gran tragedia es compartida por millones de hombres hoy día: ¡la incapacidad de decir adiós a la fuerza que se despide! No debemos permitir que el orgullo nos robe vida y fortaleza sobre todo cuando por debajo de nosotros hay un joven popular y que promete. Saúl no sabía si David subiría al trono por medios fraudulentos o por medios legítimos, y eso enloquecía a Saúl. Es por eso que hay que gozar cada etapa de la vida y cuando Dios dice: "Libéralo!" ¡entonces dárselo todo a él! Saúl luchaba con los antojos de la gente. Estaba acostumbrado a sus alabanzas, pero la multitud que una vez rugió por él ahora aplaudía a otro. El enemigo con frecuencia usa nuestro yo en contra nuestra cuando pasamos por la puerta de una etapa a la otra. Mientras más crecía la locura de Saúl, más crecía David en conocimiento, y ¿qué se hace cuando alguien nos arroja una lanza? Podemos regresarla y entonces probaremos que: somos intrépidos, defendemos lo recto, nos oponemos valientemente al mal, somos firmes y no se nos puede hacer a un lado, no soportaremos la injusticia o el trato injusto, somos los defensores de la fe y no seremos injuriados injustamente. Pero David esquivó la lanza, y no la regresó. Simuló que no veía las lanzas, aprendió a evitar rápidamente el golpe y aparentar que nada había sucedido. ¿Quién tenía la razón?¿Era este hombre el ungido del Señor? Sólo Dios podía saberlo. Saúl se resistió a lo inevitable, y derrochó sus últimos años tratando de matar al joven que más había admirado porque tuvo celos que Dios hubiese escogido a David para que lo sucediera en el reino. David fue atacado por Saúl, pero lo único que Saúl consiguió fue matar al Saúl que David llevaba dentro. David tenía que ser humillado para no pasar por lo mismo. Todo su ser interior fue mutilado. Su personalidad fue transformada y cuando la prueba terminó, David era apenas reconocible. ¿Cuándo apartarse de alguien como Saúl? Saúl mismo lo propició cuando dijo "Captúrenlo y mátenlo como a un perro". Sin embargo David no dividió al reino cuando salió. No se llevo parte de la población con él, salió solo. Los hombres se obstinaban en acompañar a David. Estaban dispuestos a ayudarlo a fundar el reino de "Saúl II". Pero David había aprendido que tales hombres "nunca" se atreven a salir solos. Por tanto, David se fue solo. De la caída al levantamiento David estaba en el peor momento de su vida, tenía menos de cuando empezó como pastor. David fue a un país extranjero con un grado mínimo de seguridad pues él había derrotado a su gran guerrero llamado Goliat y siempre habría alguien que hubiera querido vengarse. También ahí fue temido y odiado, se inventaron mentiras y hubo confabulaciones contra de él. Se enfrentó a la muerte en varias ocasiones y tuvo que hacerse pasar por loco en algunas ocasiones para poder salir vivo. El sufrimiento generaba la humildad. Sin embargo, de acuerdo con las normas terrenales, era un hombre frustrado; de acuerdo con la norma del cielo era un hombre quebrantado de corazón. Otros tuvieron que huir a medida que aumentaba la locura del rey Saúl. Y al encontrarse con David lo quisieron seguir, pero él no les pidió que lo siguieran. No compartía la actitud de esos hombres. Sin embargo, sin pedírselo, ellos comenzaron a seguirlo, y al estar con este nuevo David, empezaron a cambiar paulatinamente sin que se los ordenaran y así nació la verdadera monarquía. David pudo matar a Saúl en varias ocasiones, tuvo la oportunidad, pero no quiso caer en las mismas actitudes que Saúl tenía, para no ser como él: no permitió el odio en su corazón. Lo único constante, es el cambio Pero a Saúl lo consumía la envidia, fue capaz de asesinar y estuvo dispuesto a vivir en las tinieblas espirituales. Algo que Saúl olvidó es que las fuerzas se acaban, y que no viviría para siempre. Saúl actuaba como si fuera a ser rey para siempre. Si a nosotros nos duele escuchar a la multitud cada vez que aclama a otro que no sea uno mismo, entonces no estamos preparados ante las señales de cambio. ¡Si no hemos aprendido a estar orgulloso de contribuir con nuestra fuerza al éxito de algún otro como lo hace un buen entrenador, entonces estamos sufriendo el "síndrome de Saúl"! Al final, Saúl lo perdió todo porque no quiso moverse cuando Dios dijo que el tiempo había llegado. ¡Es una pena que se arruinen éxitos previos por no entender de quién es el turno en el escenario! David no cayó en este error, si vemos 2 S 21:16-17 ("E Isbi-benob, uno de los descendientes de los gigantes, cuya lanza pesaba trescientos siclos de bronce, y quien estaba ceñido con una espada nueva, trató de matar a David; mas Abisai hijo de Sarvia llegó en su ayuda, e hirió al filisteo y lo mató. Entonces los hombres de David le juraron, diciendo: Nunca más de aquí en adelante saldrás con nosotros a la batalla, no sea que apagues la lámpara de Israel."). La fuerza de David se estaba acabando. La juvenil energía de David aterrorizaba e intimidaba a sus enemigos en los primeros años, pero el tiempo cambia las cosas. David descubrió que su fortaleza original y su llamado habían cambiado. Ya no era necesario ni estaba equipado para luchar como un guerrero. Él seguía siendo necesario, pero ahora como rey. Sus armas eran la sabiduría y la unción de Dios, no la espada y el escudo. ¿Quién quiere emplear a alguien al que le falta flexibilidad? ¿Quién necesita un empleado que no quiere reentrenarse o adaptarse a los tiempos y necesidades? ¿Quién espera algo de un general de huesos quebradizos que transporta pesadas cajas de municiones en el fragor de la batalla cuando puede lograr mucho más en un puesto de mando, dirigiendo hábilmente a los jóvenes y a los fuertes con su sabiduría de cabellos blancos? Debemos tener cuidado en amar al Dador de nuestras tareas más que a las tareas. ¡Deberemos amar a Dios más que cualquier cosa que nos haya encomendado hacer! A la larga, llegará el día en que él no nos pedirá más que lo sirvamos de esta manera. No permitamos que nuestro trabajo, nuestro matrimonio o nuestro ministerio nos roben nuestro caminar con Dios, porque todo está sujeto a cambio. Aprendamos de los errores de David. En el ardor de la batalla, él trató de matar un gigante igual como lo había hecho siempre en el pasado. Se impresionó cuando se dio cuenta que estaba comenzando a sufrir del "síndrome de Saúl". Su carácter y moral estaban intactas, pero había fallado en admitir las diferentes etapas en su vida, y eso casi fue fatal para él. Solamente la rápida intervención de un joven guerrero le salvó la vida. David reconoció que ya no hacía falta que matase gigantes, había hombres jóvenes que podían hacerlo por él. ¡Un liderazgo excelente siempre llega a ser por sí mismo una tarea! Deberíamos estar entrenando y enseñando todo el tiempo hasta el día en que demos el paso de la labor a la recompensa. El estancamiento es el enemigo del progreso. Sigamos avanzando. Cuando aprendamos el arte de delegar, empezaremos a experimentar grandes cosas. La gente se aferra a algo cuando no espera nada más. El tercer rey Uno de los hijos de David era Absalón, el cual mató a uno de sus hermanos para limpiar la deshonra de su hermana, por lo que tuvo que huir. Pero gracias a Joab y a un ardid que le preparó a David, consiguió el perdón para Absalón y éste regresó a su casa, aunque no vio el rostro del rey David por más de 2 años. Absalón hacía sentir bien a la gente que lo rodeaba, era de hermoso semblante y no había ningún defecto en él. Absalón era perspicaz. Podía adentrarse en lo profundo de cualquier problema. Cuanto más conversaba el pueblo con Absalón, tanto más comprendían que había cosas fuera de lugar en el reino, cosas incorrectas en las que nunca antes habían pensado. Absalón era sincero y ambicioso. Era probable que se propusiera hacer las cosas buenas que decía, pero su ambición perduraría mucho tiempo después que descubriera su ineptitud para cumplir lo que prometía. Absalón no vaciló en dividir el reino de Dios, y buscó servidores. Mientras el tiempo pasa la conducta del líder revela mucho acerca del líder. La historia se repite La autoridad de Dios no teme a quienes la desafían, ni se defiende (humanamente) ni le importa un ápice si ha de ser destronada. David pidió, al igual que Moisés con Coré, que Dios dijese cuál era su voluntad. Y Dios contestó. Empezó la guerra, el pueblo contra el pueblo, Absalón contra David, pero Dios es fiel e hizo su justicia. Absalón enredó su cabello en una rama de encina, y Joab, el hombre que en un momento pidió por el perdón de Absalón ante David, fue el hombre que le clavó 3 dardos en el corazón a Absalón y lo mató. El reinado de David permaneció hasta que el rey envejeció y entregó su reino en manos de un sucesor digno de continuarlo. Conclusión La grandeza de David consistió en que: Dios quiere que su pueblo adquiera su riqueza y pase su sabiduría de generación en generación. Que el padre prepare a su hijo. Que el pastor prepare a su sucesor. Cuando nosotros nos atrevamos a relacionarnos con la generación futura, ¡entonces siempre seremos una parte de su éxito en vez de estar impresionados por él o temerosos de él! Y podremos dirigir en cierta manera a la generación que ocupará nuestro puesto para que lo haga de una manera digna y continuando con las metas y propósitos que se establecieron originalmente. Todos estamos actuando sobre un escenario y estamos parados bajo la luz de los reflectores, pero a la larga oiremos los aplausos dados a otro. La multitud se reduce y el aplauso se desvanece, ¡pero debemos comprender que el alejamiento de la multitud no significa el alejamiento de Dios! Los papeles cambian y los trajes se modifican porque el escenario está siempre sobre ruedas. El mundo sigue avanzando, y los papeles principales cambian de vez en vez, pero algunas cosas siempre siguen siendo las mismas: La debilidad de los hombres, el poder de Dios y el continuo cambio de escenario. Si comprendemos la etapa en la que estamos, el cambio se hace fácilmente e inclusive es deseable. Cualquier joven rebelde que alza su mano contra uno a quien considerara un Saúl, o cualquier rey anciano que trate de defenderse de un ataque de un posible sucesor pudiera, en realidad, estar alzando su mano contra la voluntad de Dios.
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